Friday, February 10, 2006

La cortesía no se toma vacaciones

Cada vez que tengo que tomar el tren, el colectivo, esperar en alguna fila, o cruzar la calle, me doy cuenta de que la gente camina de manera extraña.Somos una civilización de autómatas que sólo recuerda hasta dónde tiene que llegar.
Jamás una mujer agradecerá que le cedan el asiento, o que la dejen subir primero en algún transporte público (¡para eso son hombres!), a nadie se le puede ocurrir sonreír a los cajeros del banco (¡estoy súper apurado!), ni hablar de nuestro agradecimiento cuando alguien tiene un gesto amable.
A sólo 100 kilómetros de Buenos Aires, en cambio, todo puede cambiar. Las mismas personas que solemos cruzarnos por avenidas y peatonales son absolutamente amables, caminan con una sonrisa dibujada, no tienen problemas en dejarnos pasar primero, los conductores le dan prioridad a los peatones...hasta nos atrevemos a ofrecernos para tomarle una fotografía a la parejita que está sola!
En la ciudad, ¿la buena educación no trabaja? Sin embargo, en los lugares turísticos, he confirmado que la cortesía no se toma vacaciones. Ojalá alguna vez se le ocurriera a alguien invitarla a pasear por Capital y Gran Buenos Aires.